Mechanical Animals: auge, autodestrucción y glamour del Anticristo




        Este disco de Marilyn Manson, es a mi parecer, uno de los discos más elaborados de toda su carrera, si mencionar lo arriesgado de la propuesta musical y visual que creó en la escena rocanrolera de fin de siglo un hito, desempolvado sus influencias musicales y sincretizando con su propio sonido. Este disco en la segunda parte de una trilogía, que inició con el tercer volumen con Antichrist Superstar, y cierra con el primer volumen en el disco Holy Wood (In the Shadow of the Valley of Death). 
        En el disco anterior, Antichrist Superstar, se apreciaba una estética visual y auditiva llena de simbologías, de cábalas, numerología, narcóticos y una fuerte influencia Nietzschiana, creando, como dijo el propio cantante, un “ritual musical”. Este rito, lleno de agresividad y de escepticismo, es un himnario que describe, desde la misantropía, la decadencia del mundo actual.


        Con Mechanical Animals, Manson, desdobla la pagina envenenada de su anterior disco y deja el escenario fecal, transportando a su alter ego, Omega, a un plano futurista. Este alter ego es un alienígena que a su llegada a tierra es capturado y se sumerge en un mundo de fama y excesos. Un mundo que pide auxilio, un ser que busca salvarlo desde su perdición. Una burla hacia sí mismo. Un sendero de sustancias, luces, brillantina y oropel.
La influencia del glam setentero es sumamente marcada, recordando mucho el beat de el disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars del ya desaparecido David Bowie, con una propuesta visual nutrida por la pornografía, películas de terror, ocultismo y el glamour de la fama setentera.
         A pesar de dejar la rapidez de los pergaminos, del rugir agresivo de las cuerdas, es un trabajo sumamente potente y emotivo. Canciones llenas de desenfado, un grito angustioso desde la autodestrucción de alguien que está en la cima de la cadena de la popularidad. Un trabajo vocal notorio, haciendo que la voz de Manson prevalezca ante todo, encontrando el dominio de su música.
         The Dope Show, Mechanical Animals y I Don’t Like the Drugs (But the Drugs Like Me), son piezas que sudan las bocinas con psicotrópicos. En la placa encontramos The Speed of Pain, una balada espectacular, introspectiva, incisiva, quemante como una bala perdida, la mejor canción de este tipo de toda su discografía.
Cerrando el track list está Coma White, una canción que cierra este trabajo en lo profundo de una historia de amor, real o imaginaria, mujer o cosa, generá en Omega un lamento, un grito de formidable magnitud que termina este recorrido de este personaje con nuestra duda, esa que solo cabe en los insondables laberintos de la muerte.
        Este fue un disco que incomodo a muchos, tanto auditiva como visualmente, dio de que hablar a los medios, puso a los críticos y a la prensa musical a especular sobre la salud mental o la genialidad de Manson. Lo que queda claro que Marilyn Manson demostró con Mechanical Animals, lo versatil que puede ser, algunos destellos de eso lo podemos ver en sus próximos discos, pero no tan marcado como en este disco. Manson nos entrego un manojo de alimañas envueltas en lentejuelas, que nos hacen ver en la marquesina de los días lo podrido del mundo.

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